Enmedio del bullicio, la contaminación, marchas, manifestaciones y barzonistas.
Una fila de tamaño aceptable, ordenada, vigilada por elementos de seguridad de la Ciudad de México, salvo al llegar a la entrada de la instalación, organizada por no sé quién, se crea el desorden, los empellones y la absurda idea de algunos visitantes de querer ingresar y terminar primero.
Desde la entrada, se siente el ambiente, el olor, la música y dejando atrás el mal sabor del desorden te dedicas a apreciar esta colosal obra de arte.
En el teatro central se exhibe una cinta de 60 minutos de duración y, en dos teatros laterales, cortometrajes de 10 minutos cada uno.
En las dos galerías laterales, con espejos de agua en ambos lados, se exhiben fotografías de gran tamaño con trabajos hechos con cámaras fotográficas, no tomadas de las películas sino trabajos independientes pero aludiendo los mismos temas.
El museo construido con una estructura de bambú y madera, de seis mil meros cuadrados, de una altura expectacular, construída por el arquitecto colombiano Simón Vélez, no permite que te agobie ni el calor ni el humor de la muchedumbre, quien sepa apreciar el arte, sabrá discriminar el murmullo de los espectadores, el chillido de un bebé o los gritos de una madre insistiéndole al hijo que se saque de la boca el chicle pisado que despegó del piso.
La cinta de 60 minutos te cautiva, te tranquiliiza, al grado de no querer despegar la vista de la pantalla, la música, reproducida por un buen equipo de audio, te guía la vista, el olfato (porque el olor a madera y bambú se percibe en el ambiente) y el sentimiento a lo que tu alma aprecia.
Los cortometrajes, también de belleza soberbia, están llenos de paz, sencillez, sublime erotismo y con sutiles tintes de bestialismo.
Imágenes primordialmente de niños y adolescentes, bestias salvajes, paquidermos, aves, cetáceos, simios, felinos y dos o tres jóvenes y una anciana, nos hacen desplazarnos lentamente por escenarios acuáticos y arenas desérticas navegando sobre música minimalista.


3 comentarios:
Efectivamente Marco, ayer tuve la oportunidad de visitar el museo y la manera en que describiste el ambiente, características y mensaje del expositor, me parecio excelente. Quiza lo unico que agregaría es darle merito al patrocinio de "THE ROLEX INSTITUTE" y al gobierno de la Cd de México para hacer posible esta INCOMPARABLE muestra.
Saludos.
JUAN CARLOS RUIZ.
Yo fui, al Museo Nómada guiada por el comentario de dos fotrografos que respeto profundamente; mi hermanito Marcoaurelio y mi queridísima amiga Adriana.
Agradezco su pasión para referirse a tan monumental obra porque fue esto lo que me llevo hasta allá para presenciar la dulce sublimación de la tan traida y llevada relación Hombre-Animal
Yo fui al Museo Nómada guiada por el apasionado comentario de dos fotógrafos que admiro profundamente; mi hermanito Marco Aurelio y mi gran amiga Adriana.
Agradezco su entusiasmo porque por el mismo llegué hasta allá y pude presenciar la más dulce y sorprendente sublimación de la tan explotada relación Hombre-Animal
Publicar un comentario